Vicente Leñero recreó escenas y personajes de las últimas décadas del siglo XX

Se trata de textos escritos a propósito de sus encuentros con personajes como la actriz María Félix durante la charla en la casa de La Doña; el “Diario” de una fan de Raphael (su amor) que narra las sensaciones y vivencias de una joven apasionada por el cantante español que tuvo la oportunidad de asistir a un concierto suyo en la Alameda del Centro Histórico de la Ciudad de México, al tiempo que aporta datos biográficos del Divo de Linares.

En la crónica titulada La noche triste de Raquel Welch, Leñero describe a la actriz y retrata las reacciones de los asistentes (representantes de la clase media de los años setenta) que acudieron al espectáculo de la “omnipotente diosa del sexo” presentado durante cuatro noches en el Hotel Fiesta Palace de la Ciudad de México. También se encuentra en sus páginas una conversación con Juan José Arreola durante una partida de Ajedrez en la que el escritor confesó que este deporte le interesaba más que la literatura. Por otro lado, está la historia de cómo Sergio Méndez Arceo decidió ingresar al Seminario hasta convertirse en arzobispo.

Vicente Leñero dedica un par de capítulos a importantes movimientos ocurridos en México durante las últimas décadas del siglo XX, y que le tocó vivir. Como parte del fenómeno de las izquierdas revolucionarias de los años setenta presenta a la activista del Frente Urbano Zapatista, Paquita Calvo, sus reflexiones y la historia de cómo llegó a la cárcel luego de participar en el secuestro de Julio Hirschfeld Almada, logrando obtener el cuantioso rescate solicitado.  También narra la charla que los periodistas tuvieron con el subcomandante Marcos, líder del Ejército Zapatista de Liberación Nacional y presenta un José María Morelos y Pavón que fue reconocido como un estratega genial por el propio Napoleón Bonaparte quien dijo de él “con cinco como ése, me hubiera quedado chiquito el mundo”.

Acompañados de la voz del guía Sergio Tapia Zepeda con la lectura de Periodismo de emergencia podemos recorrer Pátzcuaro y la isla de Janitzio en Michoacán, conocer las leyendas y a muchos de sus habitantes, su ideología, oficios y maneras de comportarse entre ellos y frente a los turistas.

Es la isla de Cuba, en 1973, escenario de hechos observados y narrados por Leñero, visitas por museos, panteones, funciones de cine en el contexto del triunfo del comunismo y la visión patriota de sus orgullosos oriundos que podemos realizar el recorrido a través de la mirada y capacidad narrativa del periodista y dramaturgo.

Asimismo, el autor nos lleva a sitios emblemáticos de la Ciudad de México como es la Zona Rosa que observa, desmenuza y describe como: ilegítima, malinchista, pretenciosa, altiva, glotona, amanerada, caprichosa, snob y mojigata;  y de San Pedro de Los Pinos (colonia donde habitó) nos comparte temas de interés relacionados con sus vecinos (algunos reconocidos escritores), proyectos culturales a favor de la comunidad y cómo, con el tiempo, se fueron transformando las calles, las casas y edificios, despareciendo establecimientos y surgiendo otros.

En sus páginas presenta la historia de: La Diana, la estatua de Miguel Alemán, el Castillo de Chapultepec, el Colegio Militar y la puesta en operación del Metro de la Ciudad de México al que le llamó “el gusano azteca”. En el penúltimo apartado Ocasiones de contento”, bajo el título de El derecho de llorar, relata cómo surge y se desarrolla para su versión en radio el melodrama El derecho de nacer de Félix B. Caignet hasta alcanzar un éxito que trascendió la geografía cubana llegando al cine. Aborda también el Concurso Señorita México 1976, espectáculo al que el público pagó por asistir y apostó por sus favoritas “sin más premio que el orgullo de acertar” y cierra con Sábado de box, documentos periodísticos constituidos con elementos dominados por Leñero: observación, descripción narrativa y un manejo del lenguaje sencillo, casi familiar.

Por último, el autor incluye dos Artículos de Fe: El caso Illich: inquisición Posconciliar y Una teología para la revolución. En ellos plantea el caso de Ivan Illich que lo llevó a renunciar a la Iglesia Católica y cuestiona el papel de la teología (“reflexión crítica de la realidad de la luz de la fe”) asegurando que “no puede permanecer neutral. Necesita bajar de sus alturas. Necesita olvidarse de ‘sus viejas frases abstractas sobre Dios’. Necesita asumir una opción por el pobre. Confundirse con él, y desde allí, desde el pobre -íntegramente comprometida con él- impulsar las tareas liberadoras que exige el Evangelio”.

Vicente Leñero, quien falleció a los 81 años, estudió periodismo en la escuela Carlos Septién García. Fue becario del Instituto de Cultura Hispánica de Madrid en 1956 y, a finales de la década siguiente del Centro Mexicano de Escritores y de la Fundación Guggenheim. De sus obras destacan Los albañiles (1963), Estudio Q (1965), El garabato (1967), Redil de ovejas (1972), El evangelio de Lucas Gavilán (1979), Asesinato (1985) y La vida que se va (1999).

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