La cocina tradicional de las posadas

Son una festividad que en México está profundamente arraigada y forma parte de la tradición popular decembrina. Algunos escritores y especialistas afirman que surgieron en el año de 1587, en el poblado de San Agustín de Acolman, Estado de México, con el propósito de adoctrinar a los pueblos originarios; otros, como Mariano de Cárcer y Disdier, investigador nacido en Málaga y nacionalizado mexicano, sostienen que llegaron de Andalucía, España. Aun sin saber cuál es la versión que corresponde a la realidad, en México los elementos que las rodean las convierten en una práctica única en el mundo.

La antropóloga Estela Vega Deloya, investigadora del Inventario del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Dirección de Desarrollo Regional y Municipal de la Dirección General de Culturas Populares, Indígenas y Urbanas de la Secretaría de Cultura, explica que en ciertas celebraciones, como en el caso de las posadas, coincide el calendario mesoamericano y el de los pastores europeos. A este sincretismo, donde se fusionan el nacimiento de Jesús y la cosecha del ciclo agrícola mesoamericano, la investigadora mexicana de origen austriaco Johanna Broda Prucha, lo define como “reelaboración simbólica”, dos cosmovisiones imbricadas en una misma festividad.

En nuestro país, las fiestas decembrinas de los pueblos originarios están íntimamente ligadas al sistema cultural de la milpa. “Octubre es el mes de la cosecha; después de recogerla en los pueblos ya no se trabaja, es el tiempo de la fiesta, tiempo de las secas. Con regocijo se agradece a los dioses y se celebra esta relación entre el hombre y la naturaleza que prevalece en la cultura indígena y popular de México”, destacó Estela Vega.

Las posadas, que inician el 16 y finalizan el 24 de diciembre, tienen su antecedente en el México colonial, cuando se llevaban a cabo las llamadas Misas de Aguinaldo (donde se ofrecían obsequios de Navidad y se acompañaban con villancicos alusivos al nacimiento del Niño Dios).

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